El castigo de Mahoma


Giovanni da Modena. El Infierno. (c. 1410). Básilica boloñesa de San Petronio. Italia.

El pintor italiano Giovanni da Modena, por orden de Bartolomeo Bolognini, realizó en el Quattrocento, la representación más aterradora del Infierno: un fresco en el año de 1410, en la basílica boloñesa de San Petronio.

A los deseos de Bolognini, las tinieblas deberían ser interpretadas de la manera «más horripilante posible». Giovanni, ante esta instrucción y en referencia al pintor Agnolo Gaddi, proporcionó la figuración en torno al imaginario de Dante Alighieri: su Divina Comedia.

Arriba de la enorme pintura, el cielo es representado por una legión de Santos, protegidos por la espada del Arcángel Miguel. Abajo, el espantoso Averno. Lucifer es la repulsiva figura central que devora y aborta a los pecadores, destinados a ser engullidos eternamente por el demonio.

De entre todos los pecadores representados —simoniacos, asesinos, virtuosos no bautizados, etc—, nos llama la atención la figura de un personaje recostado sobre una roca, en la parte superior derecha al monstruoso protagonista. Un viejo de barba y turbante, es arrastrado por un maligno a la tortura perpetua. Para que no quede duda, su nombre ha sido anotado a su lado: «Machomet». Mahoma.

Durante más de seiscientos años, esta obra ha molestado al mundo musulmán y es el objetivo de protestas y atentados con la finalidad de destruirlo. Desde el 2001 han existido intentos de Al Qaeda y grupos fundamentalistas por lograr la desaparición del fresco.

Este estereotipo hacia el profeta Mahoma, tiene su origen en el Canto XXVIII de Dante y en ideas bizantinas contra del Islam. Mahoma y Ali son considerados por Dante como «sembradores del escándalo y el cisma» y son reseñados como pecadores, que han sido rajados desde su barbilla hasta el trasero, por la espada del ángel demoniaco que les custodia.

De la herida, brotan sus vísceras. Mahoma se abre el pecho ante Dante para mostrarle su desgracia. Dante aborrece el denigrante acto.

Desde el medievo, la injuriosa simbolización occidental sobre Mahoma, ha sido la de un hombre con la repulsiva herida en el pecho y el estómago. Desde la acuarela de William Blake, a la xilografía de Gustave Doré. En los tiempos modernos, esta representación denostativa, ha mutado por la relación con algunos grupos musulmanes que fomentan el terrorismo.

Hoy vemos imágenes del Profeta, que en el 2005, reprodujo el diario danés Jyllands-Posten. La más conocida por Kurt Westergaard: Mahoma con un turbante en forma de bomba. Observamos la sátira del rotativo francés Charlie Hebdo contra diversas religiones y muchas más en esta línea.

Los musulmanes son iconoclastas. La idea de su Profeta es sagrada y no puede ser aludida directamente. De ahí el surgimiento de una extraordinaria caligrafía, que represente poéticamente a Mahoma en una rosa o en un ambigrama. Su rostro es fuego o es velado en antiguos maravillosos manuscritos persas.

Soy ilustrador y tengo premisas importantes. Entre ellas, jamás representar una imagen que indigne la ideología religiosa de otros. La barbarie ocurrida ante la incómoda sátira del rotativo francés Charlie Hebdo es indignante. Nadie merece morir por sus imágenes. Por ello Je suis Charlie.

Federico Jordan

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